“En el núcleo de nuestro deseo no están los objetos como tampoco la interioridad más interior de nuestro ser, sino la relación con el otro. Nuestra jugada definitiva es con los otros”. (Fenoglio, 2012, p. 16)
En nuestro tiempo donde la soledad no es solo experiencia subjetiva, sino forma política de existencia, la clínica también se ve interpelada. El capitalismo, en su maquinaria de producción de cuerpos funcionales, aísla a les sujetos entre sí y de sí mismes: desconectades de sus potencias, de sus modos de creación, de su capacidad de afectar y ser afectades Sin embargo, incluso en los territorios más erosionados por la urgencia, algo insiste.
En este presente de arrasamiento subjetivo, de caída de lo común, de ataque sistemático a lo público y de debilitamiento del trabajo colectivo, sostener e inventar dispositivos que potencien el encuentro se vuelve una tarea urgente. No solo como formas de construcción de lazo social, sino también de dignidad. Desde la festividad, desde el reclamo, desde lo que los cuerpos hacen cuando se reúnen, cuando cooperan, cuando se sostienen.
A partir de intercambios entre compañeres de residencia y referentes, me resulta indispensable tomar los aportes de Rolnik (2019), considerando que pensar es también escuchar los afectos: registrar cómo el ambiente nos atraviesa, qué efectos produce, qué potencia convoca. Y como practicantes, no estamos por fuera de ese campo. Nuestra implicación no es un obstáculo, sino una vía de acceso: lo que nos conmueve, lo que resuena, también es parte del hacer clínico.
Este trabajo transmite mi experiencia de rotación en el Hospital de Día del Hospital (en adelante HDD) San Martín[1], aportando a una práctica que, desde lo grupal, habilita pasajes, encuentros y pasiones alegres —como diría Spinoza—, aquellas que aumentan nuestra potencia de existir y de sostener, incluso en la fragilidad, la posibilidad de lo común.
Durante la rotación, pude participar en un espacio en donde lo institucional y lo singular se entrelazan cotidianamente, y donde se despliegan otras formas de escucha y de presencia. Allí, cuando el dispositivo individual no alcanza, emergen modos de intervención que no clausuran la angustia, sino que la sostienen para hacerla devenir en otra cosa. Espacios donde el deseo es entendido como fuerza activa, potencia de obrar, vínculo y creación compartida.
Invención colectiva frente al malestar institucional
A los pocos días de comenzar mi rotación, me comentan una problemática institucional que atravesaba el HDD: el mismo funciona en una casa donada a servicio social. Dicha situación generaba tensiones entre el personal administrativo, les usuaries y el equipo coordinador. En una co-visión grupal, dicha problemática se pone de manifiesto y ante ello, emerge como saldo la realización de un festival por los 20 años que cumpliría el HDD. Dicho festival se planteó como forma de visibilización del trabajo y como posicionamiento ético-político que permita generar las condiciones para reclamar por un espacio propio para el buen funcionamiento del HDD.
A partir de dicho conflicto institucional, se ensayó una respuesta colectiva que consistió en intervenir el espacio público mediante la realización de un festival en la vereda del hospital general junto a les usuaries del HDD. Se estableció como consigna principal la pregunta: “¿Qué lugar para la salud mental hoy?”, reconociendo que la situación en salud en general y particularmente en salud mental, está siendo fuertemente desfinanciada.
Allí se instalaron distintos emprendimientos socio-laborales y talleres que funcionan en el HDD, los cuales, de manera transversal, llevaban consignas en relación a la defensa de la salud pública: radio abierta, feria americana, vivero, fanzines creados por les usuaries. Se realizaron esténcil con la consigna principal. Se colgaron banderines, se puso música y se compartieron charlas, risas y mates. A modo de cierre, asistió una murga uruguaya, con una actuación que interpelaba e ironizaba sobre la salud mental y sus padecimientos. Un aire de crítica, ironía y alegría terminó cerrando el espacio. A la par que ocurría el festival, en las asambleas se charlaba sobre las problemáticas que nos afectaban a todes, por ejemplo, suspender las actividades en apoyo a la lucha del hospital Bonaparte, en contra de los despidos. Muches usuaries se solidarizaban y reclamaban por las condiciones de trabajo de nosotres, como así también por sus condiciones, ya que muches cobran el Programa Potenciar Trabajo[2], el cual también está siendo desfinanciado hace meses.
A partir de la premisa de transformar colectivamente las distintas situaciones signadas por la crueldad, se crearon múltiples maneras de abordar los malestares que se entrecruzaban: la construcción del festival, la organización de una olla popular como excusa para paliar el hambre de algunes usuaries, el impulso de asambleas y el dar lugar a conversaciones sobre dichas temáticas en los distintos encuentros. Todo ello posibilitó que les usuaries comenzaran a subjetivar parte del malestar circundante, emergiendo la idea de dignidad como límite, como freno al goce del horror de la vida o de la piedad (Moffatt, citado en Percia, 2003). Tomando aportes de Bang (2014) y Rolnik (2019), dichas prácticas comunitarias y colectivas permitieron crear conocimientos compartidos e incluir la dimensión afectiva, horizontalizando las relaciones entre profesionales y usuaries. Frente a la fragmentación y labilización de los vínculos, emergen estos espacios de búsqueda, de creación y de formas de solidaridad que se despliegan a contrapelo de las tendencias hegemónicas, produciendo subjetividad y otras maneras de potenciar y activar el deseo desde las grietas y los márgenes de las instituciones.
Con el paso de los días, retomando lo ocurrido con la murga uruguaya en el festival, y poniendo a jugar las afectaciones que circulaban en el ambiente: dolor, bronca, risa, burla y organización colectiva, comencé a introducir en el taller de musicoterapia la expresión callejera de la murga argentina, llevando un bombo con platillo. A partir de ello, escribimos una canción[3] que transmitía de manera picaresca distintas situaciones que atravesaban les usuaries y las cuales se dificultaba poner en palabras. Comenzaron a aparecer frases y situaciones cotidianas: la exclusión, la estigmatización por tratarles de loques, los problemas con la farmacia para retirar medicación, el enojo por el bajo sueldo que perciben por sus entrenamientos laborales, la crítica a la norma social que establece quiénes son sanos y quienes loques, la tristeza y el enojo que generaba que les otres les vean como peligroses. La canción finalmente se presentó en el festival de fin de año del HDD.
En este sentido, siguiendo a Bang (2011), resulta indispensable considerar cómo la inclusión de prácticas comunitarias en los distintos dispositivos hospitalarios posibilita la construcción conjunta de una vivencia compartida del hacer creativo. Compartir un mate, la risa, la burla, la música y las distintas expresiones artísticas se convirtieron en herramientas de resistencias subjetivas frente a los malestares. A partir de esto, se logró —como diría Ulloa (1992)— una práctica de la socialización de los carajos, inventando un tiempo para que algunes levanten su protesta enojada y dolida frente a la mortificación pasiva de la queja.
Las múltiples afectaciones de dicho hacer cotidiano se hacían notorias, y a los pocos meses se evidenciaba un cambio en mi posición y en la de elles. Poder abordar los malestares desde aquello que vivifica, que conecta con las pasiones alegres, predispone a la apertura de multiplicidades de experiencias, que, aunque incluyan situaciones dolorosas, las mismas parecen ser más livianas. Escuchar los afectos que estaban presentes en la atmósfera cotidiana, fue generando una polinización deseante[4] en el colectivo, en donde dicha proliferación activa del deseo, propició el aumento de la potencia ligada al hacer. La composición producida cada vez entre les usuaries y les profesionales que acompañaban, armaba una especie de colchón en donde las caídas cotidianas parecían más livianas, o llegaban a producirse con menos costos subjetivos. En palabras de Saubidet (2021), podríamos pensar que
[…] la potencia se encuentra ligada a la resistencia como creación singular, lo que escapa al dominio de las formas y valores morales preestablecidos por el sistema […] (p. 169)
produciendo subjetividad, desbordando lo instituido y buscando transformar las situaciones generadoras de malestar en alivio compartido.
La concurrencia al HDD se transforma en un espacio vivo, donde los cuerpos apagados o pesados despiertan. Allí, los cuerpos se ríen, se miran, se tocan, se tensan y se distienden. Les sujetos, realizando actividades orientadas por su singularidad, arman una trama que les abraza, propiciando que el espacio se vuelva habitable; sea una morada que produce y construye alojamiento subjetivo y amarre. Así, se construye la grupalidad como espacio hospitalario, en donde se irá tejiendo “lo bárbaro” —lo desconocido absoluto— de les otres y, sobre todo, lo bárbaro de une misme.
Considerando a Jasiner (2007):
Los grupos como espacio de alojamiento subjetivo son, en cierto modo, algo subversivo en los días que corren. Sabemos que cuando alguien estuvo alojado subjetivamente, es más probable que pueda hacer un proceso de separación, separación de ese lugar de objeto que lo hacía sufrir” (p. 175).
El HDD, es una apuesta a construir espacios más vitales, deseantes, no solo para les usuaries sino también para les profesionales. La grupalidad, aparece como una herramienta clínica, ética y política que rompe con las rigideces del encuadre tradicional, despertando de la mortificación instituida, de la mortificación naturalizada hecha cultura en las resignaciones, fatigas y desánimos cotidianos.
Anexo: Canción taller de Musicoterapia.
CANCIÓN: Sr. VECINA (MALASANGRE)- (Los renguitos y las 2 marianas)
Señora no me mire bizcocha
Que hoy estoy más loca que un burro,
Porque hoy no tomé la olanzapina
Ni la risperidona.
Discúlpeme que el gobierno
No me lanza los subsidios,
Ni me incluye en los laburos,
¿Cómo quieren que trabaje?
Yo soy de la clase pudiente
Como todos los días,
¡Y apenas tengo dientes!
Entonces sea más paciente
Con este loco inocente
¡Que pretende vivir de manera decente!
-(Rap)-
Dices que no puedo
Para eso me dan remedios
Dices que no puedo adaptarme a tu medio,
Entre tu cordura y mi locura
No hay intermedio.
¿Quién eres tú para juzgarme?
Que sales a la calle, en traje y chancleta
Y me atropellas cuando voy en bicicleta.
Quiero decirte que apestas…
¿Tú eres normal?
Recitado:
Nuestra terapia, un lugar en el mundo
Absurdo es pensar que somos diferentes
Si somos todos parientes.
Señora no somos escala de grises
Somos tan bellos como los colores del arco iris.
Tenemos una ley que nos defiende y nos ampara, la Ley 26.657.
Defendamos nuestros derechos
Aunque este camino esté tan maltrecho,
Con convicción fuerza y amor
Lo defendemos y es un hecho.
Referencias Bibliográficas
Bang, C. (2014). Estrategias comunitarias en promoción de salud mental: Construyendo una trama conceptual para el abordaje de problemáticas psicosociales complejas. Psicoperspectivas, 13(2), 109-120. https://doi.org/10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE2-FULLTEXT-399
Bang, C. (2011). Prácticas participativas que utilizan el arte, creatividad y juego en el espacio público: Un estudio exploratorio desde la perspectiva de atención primaria de salud integral con enfoque en salud mental. Anuario de Investigaciones, XVIII, 331-338. Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina.
Del Cueto, A. M. (2014). La salud mental comunitaria: Vivir, pensar, desear.
Fenoglio, H. (2012). Clínica de las psicosis. Declaraciones y borradores. La Puerta. Centro de Salud, Arte y Pensamiento. Ediciones La Puerta. Buenos Aires.
Jasiner, G. (2007). Coordinando grupos: Una lógica para los pequeños grupos. Lugar Editorial.
Jasiner, G. (2019). La trama de los grupos: Dispositivos orientados al sujeto. Lugar Editorial.
Percia, M. (2003). Moffatt, la experiencia renegada. Orillas de los manicomios. ElSigma.https://www.elsigma.com/historia-viva/moffat-la-experiencia-renegada-orillas-de-los-manicomios/3977
Rolnik, S. (2019). Esferas de la insurrección: Apuntes para descolonizar el inconsciente. Tinta Limón.
Saubidet, A. (2021). Una cita con Spinoza: Nietzsche, Lacan y Deleuze. En T. San Miguel (Comp.), Huellas. Psicoanálisis y territorio (N.º 5, pp. 161–178). Brueghel.
Ulloa, F. (1992). La clínica psicoanalítica en el abordaje de la institución hospitalaria. Psicología institucional y comunitaria, Serie 1, 1–10. Recuperado dehttps://es.scribd.com/document/646548099/Ulloa-La-clinica-psicoanalitica-en-el-abordaje-de-la-institucion-hospitalaria
[1] El HDD es un dispositivo que forma parte de los tratamientos ambulatorios del servicio de salud mental. Actualmente asisten alrededor de 60 usuaries. Está conformado por un equipo interdisciplinario, y se brindan espacios de talleres y emprendimientos socio-laborales para quienes lo transitan, apostando al abordaje grupal como potencia clínica, social y política.
[2]El Programa Potenciar Trabajo era un plan social del Estado argentino, creado en 2020, que buscaba promover la inclusión social y laboral de personas en situación de vulnerabilidad mediante el acceso a un ingreso económico, capacitaciones y el desarrollo de proyectos productivos. En febrero de 2024, el programa fue reemplazado por las iniciativas «Volver al Trabajo» y «Acompañamiento Social»
[3]Ver anexo
[4]Rolnik (2019) utiliza dicha noción haciendo referencia a los fenómenos de proliferación de políticas de deseo activas, los cuales se diferencian de la proliferación de políticas de deseo reactivas, para los cuales reserva el término de “contagio” extraído de la medicina.
