Una primera versión de estas reflexiones fue presentada en el I Congreso Latinoamericano “Universidad Pública y feminismos contemporáneos”, realizado en el mes de julio de 2025 en la Universidad Nacional de La Plata. Aquel encuentro constituyó un espacio particularmente significativo para pensar colectivamente las condiciones de producción de conocimiento desde un posicionamiento feminista como marco común de problematización, praxis política y análisis crítico.
En esa oportunidad nos propusimos interrogar los modos en que se construyen nuestros objetos de estudio, poner en discusión los marcos interpretativos que organizan nuestras categorías de análisis, revisar las decisiones metodológicas adoptadas y reponer los desafíos de investigar desde epistemologías feministas situadas en el sur global.
La pregunta por cómo producimos conocimiento se articulaba entonces a una crítica de las ficciones de neutralidad que aún persisten en la investigación social y a una apuesta por restituir las implicancias ético-políticas de asumir una «visión desde algún lugar» (Haraway, 1995). De este modo, la invitación era a
reconocer las posiciones desde las cuales producimos conocimiento, habilitar una reflexividad crítica sobre nuestros propios lugares de enunciación y advertir un campo concreto de disputa en torno a qué entendemos por rigurosidad científica en clave feminista y qué tan dispuestxs estamos a tensionar y problematizar nuestras propias certezas y a priori (Mariescurrena y Fleiss Degli Uomini, 2025, p. 4).
Hoy, en un escenario en el que el valor de las políticas científicas y la legitimidad de las instituciones que las sostienen se encuentran en abierta disputa, resulta necesario desplazar esa pregunta a las urgencias del presente. La cuestión que nos convoca ya no refiere únicamente a cómo producir saberes situados, sino a la posibilidad misma de sostener prácticas investigativas cuando el estatuto del conocimiento científico se convierte en objeto de cuestionamiento público.
La actual reconfiguración neoliberal del Estado argentino —caracterizada por políticas de ajuste, procesos de desarticulación simbólica y desfinanciamiento material del sistema científico, y una retórica que desestima a las ciencias sociales y a los enfoques críticos— ha redefinido las condiciones de producción de conocimiento.
Como señalan Bohoslavsky et al. (2025), las consecuencias de esta sistemática precarización se traducen en la interrupción de líneas de trabajo, el cierre del ingreso a carreras científicas, la pérdida del poder adquisitivo y la salida forzada de profesionales altamente formados. Así, sus efectos no se agotan en la coyuntura presente, sino que comprometen las condiciones futuras de investigación.
Este escenario contrasta con el proceso de fortalecimiento de la agenda científica y tecnológica argentina que, especialmente desde el retorno democrático y con mayor intensidad durante los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, consolidó la función social de la ciencia como bien público mediante la ampliación de becas, la repatriación de científicxs y la expansión del sistema universitario (Zeitlin, 2022). En el presente, los cuestionamientos ya no se circunscriben a la dimensión presupuestaria, sino que ponen en tensión la definición misma de aquellos temas considerados relevantes según las lógicas del mercado y la subordinación al capital.
A ello se suma un clima político y mediático que habilita la circulación de discursos de odio dirigidos al campo científico y universitario, con efectos concretos sobre las condiciones simbólicas, afectivas y materiales en las que se investiga. Al respecto, Facu Saxe (2024) advierte que cuando
figuras legitimadas por el voto y los medios de comunicación y las redes sociales habilitan discursos de odio contra colectivos, instituciones y personas, tiene efectos en varios niveles. Por un lado, en la operación de diseminación e incitación al odio. Por otro, personas reales que se suman a la oleada odiante. (p. 3)
La pregunta por el acto de investigar no puede pensarse, entonces, al margen de esta coyuntura. ¿Qué implica investigar cuando se deslegitima públicamente el conocimiento crítico y quienes lo producen ven precarizadas sus condiciones de trabajo? ¿Desde qué posicionamientos ético-afectivos se sostiene hoy la práctica investigativa?
Interrogar estas cuestiones implica reconocer que la labor investigativa se encuentra atravesada por disputas que exceden el plano metodológico y que refieren a decisiones ético-políticas y onto-epistemológicas vinculadas al sentido mismo de producir conocimiento.
En este marco, desplazar el foco desde los aspectos técnicos hacia las condiciones histórico-sociales que habilitan o que apuntan a clausurar la producción de saberes críticos en el campo científico supone recuperar una concepción de la práctica investigativa como una experiencia afectiva, relacional y política. Ello implica, además, reconocer el atravesamiento tanto de las trayectorias colectivas e institucionales como de las condiciones materiales que configuran la posibilidad de investigar y los modos en que ese saber se inscribe en la trama social más amplia.
En diálogo con estas discusiones, la epistemología feminista nos ha enseñado que el conocimiento no se produce desde un punto de vista universal, sino desde posiciones históricas y corporizadas atravesadas por relaciones de poder (Haraway, 1995). Como sostienen María Luisa Femenías y Paula Soza Rossi (2011),
el investigador/a existe como una voz y una mirada que no es invisible, ni anónima, sino que construye [su] el “objeto” de conocimiento. Ni el objeto ni el sujeto son “objetivos”; sino, por el contrario, uno y otro son históricos y concretos. El sujeto posee, además, deseos e intereses. Para Haraway, no reconocerlo implica adoptar la denominada “mirada objetiva”, que implica una posición que se autoinstituye como no-marcada, simplemente porque niega o ignora sus propias marcas. (pp. 13-15)
Si en el Congreso nos interrogábamos por la ficción de neutralidad científica —aparentemente objetiva y pretendidamente despojada de posicionamientos (Fernández Rius, 2010)—, por la necesidad de asumir una “visión desde algún lugar” (Haraway, 1995) y por la dimensión afectiva-relacional de la práctica investigativa, hoy esas preguntas se reconfiguran en torno a los modos concretos en que los saberes se producen, validan y legitiman.
Desde allí, la metodología feminista emerge no sólo como una respuesta posible, sino como una forma de intervención crítica. Hacemos referencia a su capacidad para transformar las prácticas mismas de construcción de conocimiento, constituyéndose como un espacio clave de decisiones éticas y político-epistémicas.
A diferencia de posturas que sostienen un modelo «sujeto-objeto» de conocimiento, proponemos repensar esta relación en términos de «sujeto-sujeto» (Everardo, 2010, p. 189). Esta perspectiva aboga por formas de investigación colaborativas, horizontales y relacionales que reconozcan la agencia epistémica de los sujetos con quienes trabajamos y el contexto sociopolítico en que se inscriben nuestros recorridos investigativos. Esta clave interpretativa supone, a su vez, situar a
quien investiga en las múltiples inserciones que conforman el contexto laboral, académico, militante y personal de su práctica (Palumbo et al., 2022, p. 13).
Los desafíos que implica la producción de conocimiento en el contexto actual nos conducen, nuevamente, a fundamentos propios de la epistemología feminista decolonial. Reivindicar el carácter situado del conocimiento no constituye únicamente un gesto epistemológico, sino una toma de posición explícita frente a los intentos de despolitizar la producción científica.
Pensar la labor investigativa desde un posicionamiento feminista como un proceso «sucio» (Osorio-Cabrera et al., 2021) —en tanto busca alejarse de la idea de pureza y neutralidad en la construcción del conocimiento— implica hacerlo en un campo tensionado por discursos que buscan desacreditar a las ciencias sociales y también a los enfoques críticos que nombran desigualdades, violencias y relaciones de poder. El acto de investigar se vuelve, así, una forma de resistencia e insistencia política sobre la posibilidad de producir conocimiento situado frente a los intentos de vaciamiento simbólico y material del campo científico.
Sostener investigaciones feministas con enfoque de derechos implica asumir una posición explícita en defensa de la ciencia como bien público, del conocimiento como derecho social y de la universidad como espacio de producción crítica y colectiva.
La coyuntura actual nos obliga, entonces, a volver sobre una pregunta central: ¿qué tipo de ciencia estamos dispuestxs a defender y producir? Desde una perspectiva feminista situada, la respuesta no puede escindirse de un compromiso ético-político con la transformación social. Toda ciencia es política y reconocerlo la fortalece al hacer explícitas las condiciones históricas, sociales, materiales y afectivas desde las cuales se investiga.
Asumir esa politicidad constitutiva de la ciencia implica producir conocimiento orientado a la transformación de las desigualdades que estructuran lo social y que, en el contexto actual, se ven profundamente agravadas. Se trata, por lo tanto, de sostener la decisión de ejercer una práctica científica comprometida con la producción de sentidos críticos, capaz de interpelar y desestabilizar los sentidos hegemónicos que buscan reducir el conocimiento a su valor de utilidad mercantilista, reafirmando su dimensión pública, crítica y, en especial, emancipadora.
Referencias Bibliográficas[1]
Bohoslavsky, Juan Pablo; Cardinaux, Nancy Susana y Scioscioli, Sebastián. (2025). Ciencia y educación universitaria bajo ataque. En Juan Pablo Bohoslavsky (Ed.), Lo mío es mío y lo tuyo es mío. Neoliberalismo y derechos humanos en Argentina (pp. 251-270). EDULP.
Cerarols Ramírez, Rosa y Ribas Bisbal, Montserrat. (2021). La urgencia de la investigación feminista para cambiar los discursos académicos heteropatriarcales hegemónicos. Discurso & Sociedad, 15(3), 536-541.
Everardo, Maribel Ríos. (2010). Metodología de las ciencias sociales y perspectiva de género. En N. Blazquez Graf, F. Flores Palacios y M. Ríos Everardo (Coord.) Investigación feminista: epistemología metodología y representaciones sociales (pp. 179-195). CLACSO.
Femenías, María Luisa y Soza Rossi, Paula. (2011). Saberes situados, teorías trashumantes. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata.
Fernández Rius, Lourdes. (2010). Género y ciencia: entre la tradición y la transgresión. En N. Blazquez Graf, F. Flores Palacios y M. Ríos Everardo (Coord.) Investigación feminista: epistemología metodología y representaciones sociales (pp. 79-110). CLACSO
Haraway, Donna. (1995). Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza. Universitat de València.
Mariescurrena, María Belén y Fleiss Degli Uomini, Giulietta (2025). Habitar la investigación como praxis feminista: reflexiones situadas sobre epistemología y metodología en la producción de conocimiento desde el sur. [presentación en congreso]. I Congreso Latinoamericano “Universidad Pública y feminismos contemporáneos”. Universidad Nacional de La Plata, La Plata (Argentina).
Osorio-Cabrera, Daniela; Gandarias, Itziar; Fulladosa, Karina (2021). Consideraciones ético-político-afectivas en investigaciones feministas: articulaciones situadas entre academia y activismo. EMPIRIA. Revista de Metodología de las Ciencias Sociales, (50), 43-66.
Palumbo, María Mercedes, Vacca, Laura y País Andrade, Marcela. (2022). Repensando nuestras metodologías críticas: prácticas de intervención/investigación con perspectiva de género(s). Convergencia, 29.
Vasilachis de Gialdino, Irene. (2006). Estrategias de investigación cualitativa. Gedisa.
Saxe, Facundo. (2024). Ciencia sexo-disidente y discursos de odio. Una reflexión situada sobre la producción de conocimiento científico desde las disidencias sexo-genéricas. Descentrada. Revista interdisciplinaria de feminismos y género 8(1), Artículo e232.
Zeitlin, María Agustina. (2022). Tensiones en torno a la inserción laboral de doctores en Ciencias Sociales en un contexto de crisis en el campo científico argentino [presentación en jornadas]. XI Jornadas de Sociología de la UNLP: Sociologías de las emergencias en un mundo incierto. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UNLP), Ensenada (Argentina).
[1] Si bien se respetan las formas de citado y elaboración de las referencias bibliográficas de acuerdo al Manual de estilo de publicaciones de la APA en su 7ma Edición (2020), la decisión de consignar los nombres -y no las iniciales como allí se indica- responde a una intencionalidad política de visibilizar a las autoras que, en este escrito, se han recuperado y puesto en diálogo.
