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Umbrales de la experiencia hospitalaria: del encuentro con la muerte a la escritura como invención

  • 10mo número
  • Artículos

Paola Schmit. Psicóloga egresada de la UBA. Concurrente de Psicología Clínica de 5to año del Hospital General de Agudos Dr. Teodoro Álvarez, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La muerte irrumpe en el hospital como presencia que desborda palabra y cuerpo. En contraste aparece la idea del umbral como un inicio, una pieza que se atraviesa en lo alto para sostener el muro que hay encima.

Un umbral que pueda ser palabra, refugio. Un acercamiento inicial que nombre aquello que se asoma en el cuerpo y en los silencios; que obliga a posicionarse cuando el contexto arrasa con golpes y aplausos, como un real que parece arrebatar todo a su paso. Umbral que construimos de lo irreparable que flota en la superficie. Frente a estos encuentros la escritura inscribe una dimensión que no vacila frente al sufrimiento.

Acercar la potencia de la escritura como lazo y como borde me trajo las palabras de Marguerite Duras en su libro Escribir:

si no existieran cosas así, la escritura no existiría.. (…)son emociones de esta índole, muy sutiles, muy profundas, muy carnales, también esenciales y completamente imprevisibles, las que pueden anidar vidas enteras en el cuerpo. (Duras, M. 2010/1994, p.83)

La idea de entrada y de sostén me orientan a pensar mi trabajo en estos últimos años como concurrente de psicología clínica en un Hospital General de Agudos de la CABA.

Durante mi rotación en un dispositivo de interconsulta participé activamente en la valoración de sujetos internados. Estas intervenciones tenían en común una aproximación a la representación de la finitud. El encuentro con un cuerpo enfermo confronta al sujeto con la muerte y la angustia que encarna el vacío como huella de un porvenir. Ahora bien, si hay algo sobre lo que el sujeto tiene alguna certeza es que nacemos y morimos pero no sabemos cuándo, dónde, ni por qué: estas preguntas resuenan, rebotan y atestiguan la búsqueda de significantes que colmen el vacío simbólico que deja la muerte en un intento de restaurar la ternura que nos habita en el desamparo.

Pienso al cuerpo como refugio de una escucha que privilegie el significante, que recorta del cuerpo un grito en silencio, afectos aturdidos de saberes impuestos posibilita cierta respuesta. Donde eso era, donde el cuerpo asoma, el sujeto debe advenir. ¿Quién demanda? ¿Qué se pide? Un ejemplo de mi práctica, fue el encuentro con un paciente que se encontraba internado en el servicio de cardiología esperando una respuesta posible al tumor que le encontraron en el corazón. Tenía una posición clara: iría hasta las últimas consecuencias para continuar viviendo. Durante varias entrevistas la multiplicidad de discursos que habitaban los pasillos rebotaban en cada uno de los profesionales que trabajamos allí: operación sí y operación no.  Una situación compleja, donde con cirugía o sin cirugía se evidenciaba el peor final. Una muerte anunciada y una cronología que avanzaba sin mediar palabras.

Se decide avanzar con la cirugía. Una cirugía que lo conduciría a un sueño profundo y una esperanza de despertar. Aún recuerdo la despedida. Mi primera interconsulta en el servicio de cardiología ya me anunciaba lo siniestro y ominoso del encuentro con lo imposible de soportar. No pude evitar estallar en llanto cuando lo despedí. Un saber compartido en la cercanía con la muerte, un decir insoslayable en la insoportable levedad del ser. Me encontré con mis puntos ciegos, recuerdos dolorosos de mi historia, mi imposible de soportar sobre mi finitud y la de mis seres queridos. ¿Cómo voy a sostener esta clínica tan descarnada, tan desgarradora? Cardiología sería el primer servicio a tachar de mi lista. ¿eso me mantendría lejos de la muerte?

No se puede eludir aquello que invita a ser nombrado. Huir de los dispositivos no me aleja de la muerte. Sin embargo, acercarme a la escritura en una hoja en blanco, con las paradojas del deseo funcionó como un intento de tramitar aquello imposible de soportar, lo no dicho, lo que no cesa de no inscribirse.

Podría pensarse a la escucha hospitalaria como un acto de decisión. La localización de una demanda de análisis habilita la posibilidad de cuestionar entre el dicho y el decir que testimonia lo más íntimo y éxtimo del sujeto. Un trabajo que promueve un más allá del discurso médico, una verdad no toda y una oportunidad a bordear el agujero que produce el trauma e intentar escribir e inscribir la pérdida. El encuentro en las distintas disciplinas con estos pacientes nos confronta con aquello inasimilable que resulta la muerte para el ser hablante. El trabajo de la cura por la palabra supone una ligadura de este agujero, poder tejer, angustia mediante, un entramado simbólico para que el sujeto pueda crear-se, una invención de un nuevo lazo que lo reconduzca con su deseo

Si pensamos a la muerte como aquella instancia que irrumpe, inasimilable y fuera de toda simbolización, la construcción de un umbral para cada quien podría ser un punto de contacto entre lo necesario y lo contingente. Puesto que la escritura posibilita poner en palabras e intentar representar algo de ese dolor que insiste, señala algún modo de re-posicionarse allí. Como un recurso que permite mejorar las condiciones para elaborar lo traumático. Retomo a Margueritte Duras:

Escribir, no puedo. Nadie puede. (..) Lo desconocido que uno lleva en sí mismo: escribir eso es lo que se consigue. (…) La escritura es lo desconocido. Antes de escribir no sabemos nada de lo que vamos a escribir (…) y pasa como nada en la vida, nada, excepto eso, la vida. (Duras, M. 2010/1994, p54-56)

La escritura al servicio de mi umbral ubica algo que insiste: le da un nombre, un lugar y un sentido a lo absurdo y extravagante, que pone en movimiento las penumbras de lo indecible.

Sin dudas, mi recorrido por el dispositivo de interconsulta me ha permitido elaborar y trabajar sobre mi posición como profesional de la salud mental en terreno médico en la clínica con los pacientes internados. Estos movimientos fueron posibles gracias al acompañamiento de compañeros y referentes. La potencia de lo colectivo que sanciona y anuda, que escucha y dimensiona el valor de la palabra como una nueva forma de escribir-se construye pasajes y espacios, como creación de sostén y como inicio, y por qué no, también como un final.

 

Referencias bibliográficas

  1. Duras, M. (2010) Escribir. Buenos Aires: Tusquets Editores, 1994.
  2. Freud, S (1992). El Malestar en la cultura. En J. Strachey (Ed. &Trad.) Obras completas. Tomo 21. 3º reimpresión. Buenos Aires: Amorrortu. (Trabajo original publicado en 1930)
  3. Lacan, J. (1988) Homenaje a Marguerite Duras, del rapto de Lol. V. Stein. En Intervenciones y textos II. 2º edición. Buenos Aires Argentina: Ediciones Manantial S.R.L. (Trabajo original publicado en 1957)
  4. Millan, E.G. “El dolor de existir” en: Textos Psicoanalíticos.
  5. Negro, M. “El psicoanalista frente a la terminalidad y la muerte”. En: https://www.elpsicoanalitico.com.ar/num11/clinica-negro-psicoanalista-frente-a-la-terminalidad-y-la-muerte.php#11